miércoles, 2 de abril de 2008

Máquinas Tragamonedas

Ya. Me harté de ver "notas" en televisión sobre las máquinas tragamonedas que se centran en lo anecdótico. Vamos a ver: ¿Qué posibilidades de ganar tiene el jugador?
Vamos a analizar acá las máquinas tipo "SOCCER SANTIAGO", es decir, aquellas en las que el juego consiste en lanzar, con un disparador de resorte, bolas que corren sobre una superficie agujereada y con algunos obstáculos. Se obtiene premio al lograr insertar las bolas en agujeros contiguos.
En primer lugar, debe quedar claro que esas máquinas son de azar, no de habilidad. No se puede aprender a dirigir la trayectoria de las bolas. Para lanzar las bolas se dispone de un disparador que permite regular la velocidad de la bola, pero no su dirección, y la sola velocidad es insuficiente para definir una trayectoria. En un juego de pool o de billar, por ejemplo, se trata de meter bolas en agujeros empujando unas contra otras, impulsándolas con un palo. El jugador controla la fuerza con que golpea las bolas y la dirección en que lo hace, y aún así es un juego difícil. El juego "SOCCER SANTIAGO" y sus variantes es equivalente a jugar billar, pero sin poder determinar la dirección de los tiros.

Hagamos una pausa para dedicar una alabanza a nuestra Policía de Investigaciones, que ha concluido que las máquinas no son de azar, debido a que ésta le informa el estado del juego.

(Eso, por si no bastara el argumento del sentido común: si se pudiera aprender a dirigir la trayectoria de las bolas en las tragamonedas, los jugadores aprenderían y ganarían constantemente. No sería negocio.)
Ahora que hemos establecido que es azar, ¿cuál es la probabilidad de ganar en el juego? Para calcularlo, tomaremos como ejemplo el juego más simple y fácil que ofrece la máquina: insertar 4 bolas en posiciones contiguas. Recordemos que la máquina tiene 13 agujeros; para simplificar, supondremos que la bola puede caer en cualquier agujero con igual probabilidad.
El cálculo de esta probabilidad es muy simple, y es así:
  • La primera bola puede caer en cualquier parte, y estará bien. La probabilidad de que la primera bola caiga en el lugar apropiado es, por lo tanto, de 1.
  • La segunda bola debe caer en cualquiera de los agujeros contiguos a la primera bola. Si la primera bola cayó en el primer agujero, o en el último, hay sólo 3 agujeros en los que puede caer y obtener premio. En cambio, si cayó en un agujero del centro del tablero, hay 6 agujeros en los que puede caer y obtener premio. Esta expresión, por lo tanto, es más compleja que la anterior, pero hoy me siento generoso, y simplificaré de manera que las probabilidades sean lo más altas posible; es decir, supondré que la primera bola cayó en el centro, y, por lo tanto, la bola puede caer correctamente en 6 de los 12 agujeros que quedan. La probabilidad de la segunda bola es, por lo tanto, de 6/12.
  • La tercera bola tiene 11 agujeros en los que caer. Como hemos supuesto que estamos en el centro del tablero, ahora hay 4 posibles agujeros para que ella caiga con premio. Su probabilidad es de 4 / 11.
  • La cuarta bola tiene 10 agujeros en los que caer. En la suposición generosa que estamos haciendo, tiene 2 lugares en los que caer con premio. Su probabilidad, por lo tanto, es de 2/10.

La probabilidad total de que las 4 bolas caigan contiguas, por lo tanto, es de
1 * 6/12 * 4/11 * 2/10 = 48/1320; es decir, de una entre 27,5.

Es decir, que con una probabilidad muy generosa para el jugador, para que el juego sea justo se debiera pagar 27 veces lo apostado. Si se apuesta 100, y se acierta a 4 bolas contiguas, el premio debiera ser de $2750. Entendemos, sin embargo, que el juego debe ser injusto. La ruleta, por ejemplo, es un juego injusto, ya que el empresario gana 1/37 de las veces. El juego de las bolas, sin embargo, es TREMENDAMENTE injusto, ya que el premio por acertar a las 4 bolas es de... el doble de lo apostado; es decir, más de 20 veces menos de lo debido para ser un juego justo.
Ahora me siento a esperar a que alguien me diga "Yo he ganado hasta 20 lucas en esas máquinas". ¡Ah, la naturaleza humana!


martes, 1 de abril de 2008

c-jump: el juego definitivo

¿Qué hacer con los niños en esas largas tardes de lluvia? ¿Correr una carrera del Cónclave Secreto*? ¡Pues no! ¡Jugar a programar en C, naturalmente!

Esto sí que mola. Mola todavía más que el paracetamol, lo que es decir mucho.


*No he encontrado un enlace adecuado para la Carrera del Cónclave Secreto, lo que es una vergüenza. Diré que es la carrera que corren para secarse los animales que se mojaron con el llanto de Alicia, en Alicia en el País de las Maravillas, y consiste en trazar una pista en el suelo de forma aproximadamente circular, y luego correr sin cesar, orden ni concierto.
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El Señor de los Ladrillos

Qué, ¿aún no lo has leído?
¿Pues a qué esperas, perro infiel?

lunes, 31 de marzo de 2008

Creatas

Me di el trabajo de leer un trabajo publicado (y dicen ellos que revisado por pares) por el sitio de los creacionistas, el Instituto Discovery. El artículo en cuestión puede ser bajado en castellano, desde acá.
¿Qué puedo decir? La mayor parte del trabajo está dedicada a argumentar sobre la improbabilidad de la formación de proteínas debido al azar, algo que está muy lejos de su tema central. Sin embargo, en su tema central, que es la aplicabilidad del término "información" referido al contenido de las secuencias de ADN, comete un error garrafal, ya interpreta la teoría de la información de Claude Shannon como independiente del significado; vale decir, afirma derechamente que dos secuencias de carácteres, una de ellas con significado en inglés y otra no, contienen la misma capacidad de contener información, según Shannon; cito:

Para ilustrar la noción de Dembski acerca de la especificación, considérense dos series
de caracteres:

iuinsdysk]idfawqnzkl,mfdifhs
“el tiempo y la marea no esperan a nadie”

Dado el número de posibles maneras de ordenar las letras y los signos de puntuación de la lengua inglesa para secuencias de esta longitud, ambas secuencias constituyen
ordenamientos de caracteres altamente improbables. Por tanto, ambos tienen una
considerable capacidad de transportar información cuantificable.
Esto es falso. En primer lugar, la primera secuencia es MUCHO más improbable que la segunda, en lengua inglesa; por ejemplo, no hay palabras en lengua inglesa que contengan el carácter ']'. En segundo, la capacidad para transmitir información depende de la aleatoriedad en un contexto, no de la aleatoriedad a secas (es lo malo de la aleatoriedad: nunca se puede estar seguro). Por ejemplo, podemos concebir un lenguaje con sólo una letra, 'a', el el cual la cadena aaaaaa transmite mucha información, ya que la predecibilidad de cada 'a' del mensaje no necesariamente aumenta con la repetición.
En el caso de las secuencias de ADN no está claro el contexto. Para el autor parece haber un contexto claro en el que se puede decir que hay un significado, que se desprende del correcto funcionamiento de la célula; es decir, hay significado cuando el comportamiento es correcto; le niega significado al comportamiento que define como incorrecto. Cito:

Las secuencias de bases nucleotídicas de las regiones codificantes del ADN son altamente significativas en relación con los requisitos independientemente funcionales de la función de la proteína (...).


Esto es claramente un error, ya que todas las secuencias de ADN, aún las dañadas, provocan comportamiento (excepto, claro está, el ADN no utilizado), y por lo tanto contienen información, aunque esa información sea potencialmente dañina. No hay razón para restringir el significado a aquellos resultados que a él le interesa. En el caso del lenguaje, podemos decir que si le decimos a un bombero "echa bencina en el fuego" provocamos un resultado indeseado, pero no podemos decir que la frase carezca de significado. Sí lo podemos decir en el caso de la frase "a mano Rintintín escape", ya que la frase no provoca acción alguna; es ininteligible. Cuando se utiliza ADN, se está utilizando un lenguaje en el que todas las combinaciones posibles de letras significan algo, lo que inutiliza toda su argumentación. Si sus afirmación sobre el contenido de información de las secuencias de ADN se basan en esas afirmaciones, todas son falsas, y además encontrar el fallo era muy fácil.

En fin. Es un poco decepcionante; el valor de tu enemigo te honra. Este enemigo no me honra en absoluto.

El día del Joven Combatiente

Perdón. "Programar es esperar", dice el dicho, y yo, que programo sin cesar, me aburro. Y luego pasa lo que pasa.
Y es que en Santiago (de Chile) no tenemos un carnaval, una gran fiesta o algo parecido, que nos haga relajarnos un poco una vez al año. Mientras Pamplona tiene el encierro de los toros, Venecia su carnaval y Buñol la Tomatina, Santiago tiene una interminable cara de palo, todo el día, todos los días. Ni una guerra de almohadones, ni un festival de colegialas. ¡Nada! Lo más parecido que tenemos son dos fechas: el 11 De Septiembre (si pudiera escribir "11" con mayúsculas lo haría, pero no se puede; es una gran deficiencia de los teclados de hoy) y el Día Del Joven Combatiente, en que jóvenes de todas las clases sociales (los más pudientes, disfrazados de flaites, los flaites, en su papel) lanzan piedras a cuanta cosa encuentren, queman neumáticos, saquean, roban, matan. En fin, un jolgorio. Pero es un jolgorio inútil, pues se pierde mucho dinero en él. Yo me pregunto, ¿por qué no convertir el 11 De Septiembre y el Día del Joven Combatiente en atracciones turísticas, en nuestra Tomatina Local, en el equivalente chileno, de pura chilenidad, del Carnaval de Río? Se podría ofrecer paquetes turísticos a los jóvenes violentos, o a los que quieren parecerlo, de Europa o EEUU, para que puedan disfrutar de una jornada de odio y anarquía, en la total seguridad que da pertenecer a una multitud, por supuesto, a precios módicos. Un paquete turístico podría ofrecer alojamiento en Villa Francia, en casa de un verdadero microtraficante que se cree izquierdista, y su correspondiente bomba molotov y las consignas de rigor. Paquetes para jóvenes aventureros podrían incluir atentados explosivos y ataques a Carabineros; para la tercera edad, podría ofrecerse la aventura de un apagón en casa y una barricada en la esquina.
En fin. Nuestras autoridades no tienen imaginación. En vista de que la violencia en el Día Del Joven Combatiente es simplemente imposible de detener, por formar parte de nuestras más arraigadas prácticas sociales, ¿por qué no sacarle algún provecho?

Comentario de libros: Marzo del 2008

Lecturas nuevas:
  • El Robo del Elefante Blanco, de Mark Twain: Sí, Twain escribió más que Las Aventuras de Tom Sawyer y sus diferentes encarnaciones (yo recomiendo Tom Sawyer en el extranjero, por cierto). Ésta es una edición antigua, de la desaparecida Editorial Pomaire, que recopila varios cuentos, todos ellos muy característicos de Twain: es decir, son burlones y algo sarcásticos. A Twain le gustaban mucho las demostraciones por el absurdo, diría yo. No es un libro para reír a gritos, pero sí para sonreír mucho.
Del uno al diez, un 7, que es bastante decir.

  • Harry Potter y las Reliquias de Muerte, de J. K. Rowling: Un libro entretenido, aunque menos que los anteriores; yo diría que por las escasas apariciones del humor sarcástico de los gemelos Weasley. La autora se ha tomado mucho trabajo para proveer una consistencia hacia atrás, es decir, por atar de algún modo las inconsistencias de los libros anteriores. Se inventa, por ejemplo, un "principio de conservación" para explicar por qué no se puede hacer aparecer comida mediante magia. Lo consigue razonablemente bien, teniendo en cuenta que es imposible hacer coherentes los libros basados en las excepciones a las leyes naturales (léase magia).
El libro comienza bien, es una lata en el medio y tiene un buen final, que no contaré. Por lo demás, es un libro que todos los que hayan leído los anteriores tienen que leer, así que daba lo mismo si era bueno o malo: se iba a vender igual.

Del uno al diez, un 5. Se deja leer, pero sólo una vez.

  • Einstein relativamente fácil, de Teodoro Gómez: Una biografía de Einstein, seguida de una pequeña explicación sobre la relatividad. Como biografía es regular, muy simplona, y como explicación científica es pésima. Einstein era un tipo muy complejo y muy raro, raro de verdad; el la historia hay muy pocas personas que puedan comparársele. La biografía lo trata muy someramente en aspectos fundamentales, aunque describe más o menos bien el contexto histórico de la relatividad especial. La explicación dedica no más de diez páginas a la relatividad en sí (y aún en ella se queda en la descripción de los efectos, no en las causas), y el resto lo dedica a una especie de "ciencia popular".
Del uno al diez, un 4. Con mucho.

Para entender la relatividad especial recomiendo "El abc de la relatividad", de Bertrand Russell. Para entender la relatividad general... bueno, yo no la entiendo. Es un puto enredo del demonio. En fin, supongo que para eso sí hay que saber matemáticas.

Relecturas:


  • El fin de la Eternidad, de Isaac Asimov: Asimov escribe como un robot. Los argumentos son interesantes, el estilo preciso (aunque, hum, nunca lo he leído en inglés), pero los personajes son basura, especialmente las mujeres, que no son más que justificaciones para los argumentos, nunca personas de por sí. Creo que Asimov nunca las entendió y les tenía un poco de miedo, aunque se casó dos veces. Quizá por eso.
Éste libro es exactamente eso. Una excitante aventura, un futuro magistralmente descrito, apasionante y asombroso (hombres que viven fuera del tiempo cambian continuamente la realidad, según propósitos que la Humanidad ignora), una resolución intelectual magistral (casi todos los libros y relatos de Asimov finalmente son historias de detectives) ... y cero comprensión emocional, cero identificación con los personajes, cero humanidad.

Del uno al diez, un 6.


  • Los elefantes pueden recordar, de Agatha Christie: Un caso de Hércules Poirot, ambientado en el pasado (es decir, en el pasado con respecto al presente de la novela). La resolución del caso es buena, pero algo estrafalaria, y el desarrollo es lento como un caracol cojo. Fome.
Del uno al diez, un 4. No vale la pena comprarlo.

viernes, 28 de marzo de 2008

Demostrando científicamente la existencia de Dios

Una suposición: De pronto, justo al atardecer, se abren las nubes, y por el hueco asoman intensos haces de luz. Se oye una voz sonora, profunda, cálida, etc., que dice "Soy Dios. Dejad de masturbaros, montón de pajeros, o arderéis en el infierno". Éste fenómeno es visto por millones de personas, queda registrado en video y en fotografías, y todo lo demás.
(Opcionalmente, la voz puede ser la de Morgan Freeman, y oírse con la misma intensidad en toda la extensión del mundo).

Bueno. ¿Queda con eso demostrada la existencia de Dios? Y con "demostrada", me refiero a tan demostrada como la teoría de la relatividad (o la de la evolución ;) ); es decir, científicamente demostrada.

Pues, veamos. Lo primero que habría que demostrar es que es una manifestación legítima de una entidad "divina", es decir, no natural. Por ejemplo, podría ser obra de los rusos; o, mejor todavía, ser obra de una raza alienígena, del planeta PinPan, en un nuevo intento de conquistar la Tierra. La manera de diferenciar la obra de los extraterrestres de la de Dios (a menos que uno considere que ambos son equivalentes) es buscar en el fenómeno indicios de una actividad "no natural", es decir, cuyo origen no pueda ser explicado invocando mecanismos naturales (un gigantesco altavoz colgando de un dirigible, en el que los rusos tienen secuestrado a Morgan Freeman, sería un fenómeno artificial, pero explicable por medio de las leyes naturales: las que explican el vuelo del dirigible, las leyes de la acústica, etc.; es decir, se puede concebir un mecanismo mediante el cual el fenómeno ocurre). Si viéramos un platillo volante emitiendo la voz, sabríamos que fueron los extraterrestres, no Dios.
Lo anterior significa que la única marca distintiva de los actos divinos es su naturaleza sobrenatural, es decir, no explicable por medio de las leyes naturales. Si se puede explicar mediante mecanismos naturales, puede no ser obra de Dios (esto no implica que Dios no pueda actuar mediante mecanismos naturales; sólo implica que no podríamos saberlo).

Ahora bien, si encontramos un fenómeno inexplicable mediante las leyes naturales, ¿qué podríamos decir de él? La respuesta es muy sencilla: nada. Habríamos llegado a "no puedo explicarlo", y sería imposible pasar de ahí utilizando el pensamiento racional. Si pudiéramos, significaría que habríamos encontrado alguna hipótesis verificable, y por lo tanto podríamos formular teorías que lo explican, o al menos planteárnoslas. En el caso de la voz que surge del cielo, podemos encontrarnos con que no podemos encontrar la causa. No sabemos de dónde vino la luz, ni la voz, ni por por qué se movieron las nubes, así que podemos decir que tenemos un acto de naturaleza sobrenatural, es decir, divina.
Pero, un momento. ¿Qué dios es el responsable del fenómeno? ¿Girán o Girón? A esa pregunta no podemos contestar, ya que el acto divino se caracteriza precisamente porque no se puede determinar su origen. Nada nos garantiza que hay un único dios. En el caso de que él mismo diga "Soy Girán, el Único Dios", ¿cómo podemos saber que nos dice la verdad? No podemos deduciro de su acto, porque es un acto sobrenatural. De hecho, no podemos tener la más remota idea de cómo es una entidad sobrenatural, porque las leyes que nos permiten deducir cómo son las cosas son por completo inaplicables a él.

Esto significa simplemente que no hay manera de demostrar científicamente la existencia de Dios, aún cuando Él mismo nos lo diga a voz en cuello. De su manifestación nada se puede deducir; sólo podemos llegar hasta el punto en que determinamos que no podemos deducir más cosas. La existencia de Dios no se puede demostrar científicamente.

(Dios no es, decía Juan Escoto Erígena, porque trasciende el ser [y lo mismo muchos otros antes que él]. Tantos años hace que se conoce este resultado, y sin embargo se siguen exigiendo y ofreciendo pruebas de la existencia de Dios; es como para desalentarse de la raza humana).